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EL LÍDER QUE EL PRI NECESITA

Letras Desnudas
Por Mario Caballero

José Narro Robles denunció que hay un complot a favor de la imposición de Alejandro Moreno Cárdenas en la dirigencia nacional del PRI. Mediante un vídeo, dice: “El proceso de elección ha dado inicio y lo ha hecho con los mayores vicios y las prácticas menos deseables. La mascarada para imponer a Alejandro Moreno dentro de la dirigencia ya comenzó”.

La política es como el albur, hay que entenderla a través del doble sentido de las palabras. Detrás del señalamiento de quien también aspira a ser líder de los priistas, hay mucha deliberación. La queja de Narro más que una simple denuncia tiene toda la apariencia de ser una estrategia, cuyo objetivo es desprestigiar porque su imputación carece de argumentos. A la vieja usanza del PRI, agita las aguas tratando de hacerse de una buena pesca.

No es todo lo que puede notarse en la acusación del ex secretario de Salud. Teniendo la oportunidad de promocionar su proyecto, utilizó el tiempo para difamar. Demostrando con ello inseguridad y desesperación. Y refleja el temor a ser vencido por un joven que en los años que lleva en el servicio público ha dejado un buen sabor de boca. Ya lo dijo el poeta Ovidio: “el que ha naufragado tiembla incluso ante las olas tranquilas”.

 

PUNTOS A CONSIDERAR

De cara a la renovación de la dirigencia nacional del PRI hay tres puntos que deben ser considerados: la causa de la derrota en 2000, los doce años fuera de la Presidencia y los anteriores liderazgos.
No es exageración, pero el motor de la democracia mexicana ha sido destruir al PRI.

Esa falta de simpatía se originó en el mal desempeño de los gobiernos priistas. Con gobernantes que se alejaron de la sociedad para abocarse a llenar sus bolsillos con dinero del pueblo. Y por cada priista que robaba, había otro que lo encubría. Así, mientras los políticos del tricolor se enriquecían los mexicanos carecían de servicios de salud, educación y en muchos sectores de la población el hambre era motivo de muerte. Por casi medio siglo, se encargaron de agrandar la brecha de desigualdad.

Harta de los abusos de poder, impunidad y corrupción, la democracia lo derrotó en 2000, pero lo derrotó parcialmente: lo sacó de Los Pinos, mas no del poder.

Doce años fuera del mando nacional no le sirvieron de nada al PRI. Siguió cometiendo los mismos errores. En todo ese tiempo ningún priista emprendió la autocrítica, nadie se lanzó a revisar el discurso público o los estatutos partidistas que en algún momento fueron considerados como los más vanguardistas en toda América Latina.

Por eso su regreso a la Presidencia en 2012 resultó tan desconcertante. Que haya ganado la elección no significó que haya borrado su descrédito. La victoria de Peña Nieto fue vista como el retorno del autoritarismo, el abuso, la corrupción, la arbitrariedad, y fue cierto. El Nuevo PRI nunca existió porque no inventó un discurso fresco, no mostró prácticas distintas, no cambió su ideario y cuando modificó su reglamentación interna fue nada más para cumplirle caprichos al ex presidente de la República. Tampoco les cobró cuentas a quienes abusaron del poder con el respaldo de sus siglas.

Luego del fracaso en 2000, el priismo no organizó una reflexión profunda para evaluar las causas de la derrota y, especialmente, para definir su sitio en el contexto democrático.

En cuanto a los antiguos dirigentes, fueron personas que sin principios ni ideología pertenecieron a ciertos grupos de poder dentro del mismo partido y es a éstos a los que les rindieron toda su lealtad y actuación, no a la militancia. De ahí proviene la división de las bases, la acumulación de rencores, la renuncia de cuadros valiosísimos, los choques internos y el descrédito como organismo político.

Por ejemplo, Humberto Moreira, Pedro Joaquín Coldwell, César Camacho Quiroz, Manlio Fabio Beltrones, Carolina Monroy, Enrique Ochoa Reza, René Juárez Cisneros y, actualmente, Claudia Ruiz Massieu, estuvieron ligados al grupo de Enrique Peña Nieto, al salinismo, y están señalados de enriquecimiento ilícito. Fueron los encargados de menospreciar y reprimir a la militancia, estrangular la democracia interna, eludir las leyes, reformar los estatutos a comodidad, confabularse con los secretarios de Estado para el desvío de dinero público que después fue utilizado en campañas políticas del PRI, solapar los excesos y, finalmente, provocar la mayor debacle del partido en la historia.
Por ese cúmulo de errores, el PRI vive hoy el peor momento de su vida.

EL PERFIL

Para que el PRI logre salir de esa crisis necesita que el nuevo dirigente sea un político de prestigio, autocrítico, que no pertenezca a la vieja mafia, congruente con la realidad, alejado de los escándalos, orgulloso de los colores partidistas y que su adhesión esté con todos los priistas y no con los grupos que se pelean el control de la organización. Y, al parecer, el único que cubre ese perfil es Alejandro Moreno Cárdenas, uno de los mejores gobernadores que ha tenido el estado de Campeche.

Moreno Cárdenas no es un prinosaurio. Actualmente tiene 44 años de edad y dio sus primeros pasos en la política cuando apenas tenía 16. Abrazó las siglas del PRI en 1991 y su trabajo siempre ha estado con las bases, con los jóvenes y conoce al partido desde las entrañas.

Ya fue presidente del Comité Directivo Municipal y Estatal de la Juventud Popular Revolucionaria por México. También presidente del Comité Municipal, Estatal y Nacional del Frente Juvenil Revolucionario, así como presidente del PRI estatal en Campeche.

En 2002 fue electo síndico de Asuntos Jurídicos del Ayuntamiento de Campeche. En 2003 tomó protesta como diputado federal plurinominal y al cabo de esa encomienda fue electo senador de la República.
De 2007 a 2009 ocupó la Secretaría de Organización del Comité Ejecutivo Nacional y a partir de 2012 fue secretario de Operación Política del mismo. Siendo senador presidió la Comisión de Juventud y Deporte y fue integrante de las comisiones de Derechos Humanos, Salud y Reforma del Estado. Al concluir, asumió la diputación federal por la vía de representación proporcional y fue presidente de la Comisión de Gobernación de la Cámara de Diputados.

En 2015, con más del 40 por ciento de la votación, asumió el Gobierno del Estado de Campeche. Y en 2018 lo eligieron para dirigir la Conferencia Nacional de Gobernadores (CONAGO), para el periodo diciembre 2018-mayo 2019. Y durante esos puestos nunca estuvo implicado en casos de corrupción y tráfico de influencias. Por el contrario, es un político de grandes resultados.

En los más de tres años que gobernó Campeche, ese estado se convirtió en una de las regiones más estables y seguras para la inversión. La implementación de proyectos innovadores permitió desarrollar la industria estatal, situación que hoy reporta crecimiento económico y creación de nuevas fuentes de empleo. En ese sentido, la entidad se encuentra en los primeros lugares a nivel nacional en materia de seguridad, justicia, bienestar, gobernabilidad y resultados de los programas sociales.

De acuerdo con el informe de Índice Global, que analiza 700 indicadores, Campeche presenta menos homicidios, más desarrollo social e incremento de actividad productiva. A pesar de que Alejandro Moreno es un gobernante joven, supo escuchar las demandas de su estado, construyó un gobierno de puertas abiertas y generó círculos de cooperación con las distintas fuerzas políticas en el estado para la solución de conflictos y la creación de condiciones de prosperidad.

Ayer que solicitó licencia para retirarse del cargo, dejó un estado seguro, con cuentas claras y en vía del progreso.

 

EL RIVAL A VENCER

Narro al intentar desprestigiar a Alejandro Moreno no sólo reveló su miedo, sino también dejó ver las asimetrías que hay entre él y quien es quizá el mejor priista del momento.

Al dar el mensaje con motivo de su retiro de la gubernatura, Moreno Cárdenas no apeló a la difamación de sus adversarios. Agradeció, sí, a los campechanos por haberle dado la oportunidad de servirles, y aprovechó el motivo de su anuncio para confirmar su aspiración a dirigir al PRI y para ello propuso la unidad de los priistas en el rescate de la institución, en el acercamiento con la sociedad y en la reconstrucción del instituto para ser el partido de oposición que merece México.

Esto Narro no lo dijo, pero lo dio a entender: Alito es el rival a vencer y, sin duda, el líder que el PRI necesita. ¡Chao!

yomariocaballero@gmail.com

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