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Playa del Carmen: Narco gobierno donde el crimen controla la ciudad, ante la mirada de la alcaldesa Estefanía Mercado.

Playa del Carmen atraviesa uno de los momentos más críticos de su historia reciente.

Lo que durante años fue un destino turístico reconocido a nivel internacional, hoy enfrenta una creciente percepción de inseguridad, violencia y presencia del crimen organizado, particularmente en zonas emblemáticas como la Quinta Avenida.

Comerciantes, trabajadores y ciudadanos coinciden en una preocupación constante: la delincuencia opera a plena vista, mientras la autoridad municipal ha sido señalada por su omisión, falta de estrategia y permisividad.

Durante la actual administración municipal encabezada por Estefanía Mercado, las denuncias ciudadanas sobre venta de drogas, extorsiones, cobro de derecho de piso y presencia de grupos criminales se han multiplicado.

En la Quinta Avenida —corazón turístico y económico de Playa del Carmen— diversos testimonios aseguran que es más fácil conseguir estupefacientes que alimentos, sin que exista una respuesta contundente por parte del gobierno local.

“La policía pasa, ve lo que ocurre y no actúa”, relatan comerciantes que, por temor a represalias, prefieren mantener el anonimato. Otros aseguran haber sido amenazados tras negarse a pagar cuotas ilegales, mientras continúan operando negocios presuntamente vinculados a actividades ilícitas sin ser molestados.

Organismos ciudadanos y sectores empresariales han cuestionado la falta de operativos efectivos, la ausencia de resultados visibles y la carencia de una política de seguridad clara. Para muchos, la administración municipal permitió que la delincuencia organizada se afianzara, debilitando el tejido social y dañando gravemente la imagen del destino.

Aunque no existen resoluciones judiciales que acrediten vínculos directos entre autoridades y grupos criminales, la percepción de abandono y la normalización del delito han llevado a ciudadanos a calificar a Playa del Carmen como una ciudad rebasada por el crimen, donde la autoridad parece haber perdido el control. La exigencia es clara: seguridad, transparencia y acciones reales. Playa del Carmen no puede seguir siendo rehén de la violencia ni de la indiferencia gubernamental. La ciudadanía demanda respuestas antes de que el daño sea irreversible.

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