Boom inmobiliario desborda a Mérida
Mérida dejó de crecer… para empezar a desbordarse.
En menos de una década, la ciudad pasó de ser un referente de orden y calidad de vida a un territorio donde el concreto avanza más rápido que la planeación. Privadas exclusivas brotan en la periferia, torres cambian el perfil urbano y desarrollos de lujo prometen una ciudad moderna. Pero en las calles, la percepción es otra: tráfico creciente, calor insoportable y una ciudad que parece perder el control de su propio crecimiento.
La pregunta ya no es si Mérida está creciendo, sino quién —o quiénes— están permitiendo que lo haga sin freno.
La actual administración esta plagada de actos de corrupción, falta de planeación, otorgamiento de permisos a diestra y siniestra.
Un negocio millonario pero solo para algunas personas.
DOS ADMINISTRACIONES, UN MISMO PROBLEMA
El crecimiento que hoy se cuestiona no nació de un día para otro. Se consolidó durante la administración de Renán Barrera Concha, periodo en el que el desarrollo inmobiliario alcanzó niveles históricos.
Para algunos, fue impulso económico. Para otros, el inicio de un crecimiento sin control claro.
Hoy, la responsabilidad cae en el gobierno actual encabezado por Cecilia Patrón Laviada.
Y con ello, una nueva pregunta:
¿corregir el rumbo… o continuar con la misma inercia?
LA FACTURA YA LLEGÓ
Los efectos no son futuros, son presentes:
- Más calor por la pérdida de áreas verdes
- Mayor presión sobre agua y servicios
- Tráfico en zonas que antes eran tranquilas
- Vivienda cada vez más inaccesible para locales
Mérida se vuelve más cara… y más difícil de habitar.
LA PREGUNTA FINAL
El boom inmobiliario sigue avanzando.
Los intereses económicos están claros.
La demanda también.
Lo que no está claro es quién está poniendo los límites. Y en una ciudad que siempre presumió orden, esa duda pesa más que nunca.
