CORRUPCIÓN, DESVÍOS Y MEDICINAS VENCIDAS: PERMANECEN IRREGULARIDADES EN EL HRAE
La administración de Amonario Olivera Mar al frente del Hospital Regional de Alta Especialidad de la Península (HRAEPY) comenzó en medio de un escenario de desbalance financiero y operativo.
Año y medio más tarde los conflictos continúan, se intensifican y siguen sin señalar culpables, ya que aun cuando una revisión contable interna ratificó deudas por más de 550 millones de pesos, a la fecha no existen indagatorias que aclaren el paradero de esos recursos.
Su designación el 16 de enero de 2025 pretendía dar firmeza al nosocomio y alistar su incorporación al modelo IMSS Bienestar.
Pese a ello, su trayectoria en dicha entidad constituye un expediente de señalamientos, deserciones y desacuerdos, aunque sus vínculos con liderazgos y autoridades locales de Morena le permitieron colocarse.

Al profesional de la salud se le ubica en el centro hospitalario por sus actitudes inflexibles, escasa capacidad para resolver contratiempos en su área, riñas y hostigamiento de personal contra quienes «no coinciden con la dirección».
Conforme a sus propias aseveraciones, asumió la titularidad en un estado endeble: un compromiso financiero de gran escala, miles de fármacos caducados y un esquema de surtimiento salpicado por supuestas anomalías entre mandos directivos y firmas farmacéuticas.
Diecinueve meses después el panorama es idéntico: el intenso temporal del lunes 7 de septiembre dejó al descubierto el problema al anegar zonas fundamentales del edificio, tales como la sala de hemodiálisis y pasillos con enfermos internados.
El escenario actual del HRAEPY visibiliza una constante de manejo poco claro.
La omisión de vigilancia, las componendas y la deficiente proyección de fondos no únicamente vulneraron la salud de incontables usuarios, sino que además dejaron comprometida la funcionalidad de un centro médico clave en la zona.
